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domingo, octubre 28, 2007

jueves, octubre 25, 2007

Racisme al meu voltant

"…la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria
como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido,
constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y
consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras
."

UNESCO. (2001). Declaración Universal de la Diversidad Cultural

La Diversidad Cultural es un principio que comprende a la humanidad como un abanico de variadas identidades culturales. Es decir, que para entender lo que es la sociedad humana es necesario partir de la comprensión de la diversidad cultural (Humanidad = Diversidad Cultural).
Pero la Diversidad Cultural sería sólo el primer paso, porque de lo que estaríamos hablando en realidad, es del Pluralismo Cultural, lo que supone que las diferentes culturas sean reconocidas y valoradas de igual manera, dentro del espacio público y sistema político, del que forman parte.
Estos principios de Diversidad y Pluralismo Cultural, tan básicos para comprender la sociedad de hoy siglo XXI, pronunciados y respaldados además, por nada menos que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), resulta incomprensible como algunos políticos catalanes los ignoran y los contradicen abierta y públicamente, como lo demuestran declaraciones hechas por el portavoz de Convergència i Unió (CiU) en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida y el president nacional de la plataforma per Catalunya y Regidor per la PxC en el Ajuntament de Vic, Josep Anglada i Rius.
El primero, Duran i Lleida, en un programa que se emite en toda España y en varias partes del mundo por el canal internacional de TVE, le dijo a la ciudadana marroquí Rachida El-Rhoumari, que "... en la medida que (el velo) sea un símbolo cultural, para mí todas las culturas no tienen el mismo valor, (...) yo creo sinceramente con todo mi respeto, que ustedes llevan más retraso..." (1), ante lo planteado por El-Rhoumari, sobre la discriminación que sufren sus hijas, nacidas en España, por el hecho de lucir el hiyab (velo musulmán).
Le comunico al señor Duran i Lleida, que no existe una cultura superior o inferior a otra. Las culturas se manifiestan de diferentes maneras, pero poseen el mismo valor y dignidad:

"Todo ser humano como individuo que crece y se desarrolla socialmente, tiene la necesidad de vincularse e identificarse con los demás sujetos que conforman su escenario social. Esta necesidad se expresa a través de códigos morales, valores estéticos y cognoscitivos, variadas formas de lenguajes y de comunicaciones. Dicho de otro modo, la cultura constituye un elemento fundamental, dentro de la personalidad de cada individuo y, dentro de la identidad de cada comunidad o grupo social. Por esta razón, es un derecho humano universal, inviolable e incuestionable (Art. No.22. Declaración de los derechos humanos, 1948)."
"... la relación: Cultura - Sociedad, es un aporte muy importante porque involucra directamente al hecho cultural, con la problemática social. Así, la acción cultural, pasó a ser una prioridad fundamental en las políticas públicas de los Estados. La cultura no sólo como una manifestación de todo hombre, sino también de las colectividades y comunidades. La cultura como la manifestación de los valores, creencias, formas de ser y de pensar de grupos sociales. La cultura como un derecho de todo ser humano y de todos los pueblos (Declaración de los Derechos Universales de los Pueblos, 1976)." (2)
El segundo, Anglada, presidente nacional del partido Plataforma per Catalunya (Racisme per Catalunya), lo hace en su propuesta y proyecto político como regidor en representación de su partido, en el Ajuntament de Vic. Leyendo el programa de gobierno de Anglada, que presentó en las elecciones para la alcaldía de Vic, me hacía pensar en la persecución nazi contra los judíos, y en una hipotética persecución catalana contra los inmigrantes. Y como los catalanes además de ser personas muy LIMPIAS, ORDENADAS, SERIAS (y que no escupen en la calle), también son personas muy como dicen aquí "listillas", todo lo tienen fríamente calculado, así que como todos los inmigrantes ilegales que vivimos en Vic, estamos empadronados, la tarea de expulsarnos de la ciudad, sería formalmente fácil como lo explicó el propio Anglada: "Nosaltres fomentarem l'expulsió de tots els immigrants il-legals. Com que actualment un immigrant il-legal es pot empadronar, investigarem a partir del padró amb la intenció de detectar qui té permís de residència i qui no. I actuarem, amb la llei a la mà, de manera immediata (3)". Anglada también se refiere a los inmigrantes de la siguiente manera: "Bona part de la immigració massiva que viu entre nosaltres són gent que provenen de països dictatorials "amb molt poca cultura" i sovint incompleixen les nostres legislacions amb total deixadesa. En aquest sentit, per evitar la degradació de Vic controlarem les botiges dels immigrants per assegurar-nos que compleixen, com tothom, les legislacions vigents. I farem tancar totes les que calgui tancar (4)"
Señor Anglada, le comunico que todos los seres humanos somos portadores de saber y de cultura.

Notas:
(1) Palabras dichas por Josep Antoni Duran i Lleida, en su intervención en el programa de TVE "Tengo una pregunta para usted".

(2) Elba Poleo: La Cultura y la construcción de la "Ciudadanía Democrática Multicultural". Cuadernos Edumedia, 5, abril - junio de 2004. Caracas.
(3) PxC Informatiu, Núm. 1, maig de 2007. Pág.2.
(4) Ídem.




miércoles, agosto 29, 2007



"Solo voy con mi pena, sola va mi condena"
Manu Chao


La ideología es falsa-conciencia, en el sentido de que es algo subjetivo y mutable, porque se transforma según las circunstancias: tiempo, espacio y sujeto. Pero la ideología es completamente real en la manera en que la vivimos:

La ideología para Althusser, representa en efecto la realidad –pero lo que representa es la manera en que yo ‘vivo’ mis relaciones con el conjunto de la sociedad... [1]

Si la ideología representa nuestras ideas, creencias y valores; está estrechamente ligada a nuestro mundo imaginario, y se ve representada en nuestra conducta y en cada mínima acción de nuestra rutina diaria; no podemos sino considerarla como algo real.

La ideología neoliberal ha programado y diseñado una realidad, donde sólo hay cabida para un tipo de persona egocéntrica e insolidaria, para seres humanos egoístas y violentos. En un mundo donde cada cual se preocupa sólo por su beneficio y bienestar individual, se genera una gran carga tanto de violencia pasiva como activa, porque estamos irrespetando y violentando constantemente al otro, utilizándolo sólo para el beneficio propio sin tomar en cuenta sus necesidades reales, de igual manera la otra persona también nos utiliza conforme a su deseo y voluntad. Esta recíproca “utilización” no nos conduce sino a la frustración y a la violencia, porque al no establecerse dentro de las relaciones personales y sociales, un acuerdo común, de valores e intereses, siempre una de las partes pierde, quedando excluida o a la voluntad y poder del otro, dejando de ser lo que es, o lo que quiere ser, para convertirse en la persona que quiere o le conviene al otro. La cultura individualista también produce seres humanos poco tolerantes, hecho que puede conducir a conductas racistas y xenofóbicas, como clasistas y excluyentes. Pero una persona no es por naturaleza egoísta y violenta, se aprende a como ser egoísta y violento, pero también podemos aprender a como ser democráticos, solidarios y tolerantes. Pero si partimos de la idea de que el otro es un enemigo a vencer, pues el panorama político, económico, social y cultural, se nos vuelve bastante desesperanzador, porque en una lucha de todos contra todos, el odio, la violencia y la muerte son los ganadores y la humanidad la gran derrotada. Pero si lo que nos importa en verdad, es la vida, el amor, la paz y el ser humano en general, y su supervivencia, tenemos que crear otra forma de concebirnos a nosotros mismos, a los otros y al mundo al cual queremos pertenecer que difiera de la ideología neoliberal o que por lo menos la transcienda, para lograr mejorarla.

martes, noviembre 14, 2006

CULTURA II: Consumo, luego existo
















“Ciudadanía Consumista”


-Son zapatos americanos.
-Para aplastar a
vietnamitas.
-Y a sudamericanos.

(Diálogo de la película:
Dos o tres cosas que sé de
ella
de
Jean Luc
Godard, 1967)


El ejercicio del sufragio popular, en las elecciones presidenciales de las democracias “globalizadas”, se puede afirmar que constituye ya, una manera “clásica” de ejercer nuestra ciudadanía. El “ciudadano” del siglo XXI, no sólo asume su ciudadanía a la hora de elegir al presidente de su país, sino que también se identifica con su condición de ciudadano, al momento de hacer las compras en el supermercado, cuando va al cine o escoge una película de televisión por cable, navega en Internet, consume en el McDonald’s, adquiere el último modelo de telefonía celular o simplemente deambula por los pasillos de cualquier centro comercial de moda:

No fueron tanto las revoluciones sociales, ni el estudio de las culturas populares, ni la sensibilidad excepcional de algunos movimientos alternativos en la política y en el arte, como el crecimiento vertiginoso de las tecnologías audiovisuales de comunicación lo que volvió patente lo público y el ejercicio de la ciudadanía. Pero estos medios electrónicos que hicieron irrumpir a las masas populares en la esfera pública fueron desplazando el desempeño ciudadano hacia las prácticas del consumo.[1]

A partir de los años noventa, después de la caída del bloque soviético y con el acelerado afianzamiento del estilo de vida consumista, impulsado este último, por el gran desarrollo tecnológico de los medios de comunicación masiva, el mundo comienza a ser “controlado culturalmente”, desde la cultura de masas. El creciente predominio de la cultura masiva, ha transformado tanto nuestro escenario sociocultural, que hemos empezado a describirlo en términos de globalización, mundialización, postmodernidad o transmodernidad. El poder político y, los gobiernos democráticos, no han escapado de esta “revolución cultural” y, también la esfera pública ha sido erosionada y transformada por esta “lógica del mercado”. Sin embargo, aunque el “hombre-masa” se “sienta” igual de “ciudadano” al momento de elegir la marca de su champú que participando en las elecciones presidenciales de su país, consideramos que el “consumo” no puede convertirse en un único elemento condicionante del ejercicio de nuestra ciudadanía.
La práctica del consumo hace que nos identifiquemos no sólo de manera material sino también de forma ideológica, tanto con el objeto de consumo como con los demás consumidores, usuarios y públicos que comparten los mismos bienes materiales y culturales. Esto ha generado un tipo de cultura, un tipo de persona, que tiene una forma particular de desenvolverse públicamente, porque interpreta su participación pública, o su papel de “ciudadano”, en la medida que le es posible adquirir, consumir, apropiarse y disfrutar, de los productos y servicios existentes en el mercado mundial. Esta “cultura consumista” y “ciudadanía consumista” ha sido impulsada desde luego, por el gran poder ideológico que los medios de comunicación han ejercido sobre los habitantes de las “sociedades globalizadas”. Pero no sólo el “ciudadano consumista” ha interpretado la “participación social” como la posibilidad de acceder al consumo y uso de bienes industriales tangibles e intangibles, sino que esta “percepción mercantilista” de la realidad, involucra una nueva manera de concebirse así mismo y a los otros que le rodean:

Nos hemos convertido como diría Néstor García Canclini en “comunidades de consumidores”, donde toda manifestación del ser humano, hasta nuestras más íntimas emociones, son objeto de consumo (Kizer, 1999). Se consume todo: el afecto, el placer, el miedo, el sexo, el amor, el dolor, etc. Y este consumo se hace por supuesto, a través de la apropiación de la imagen del objeto deseado. Nuestra realidad mediatizada, es un mundo dominado por la imagen, donde esta última, ha suplantado casi por completo al “sujeto físico”. El referente o símbolo del sujeto, se hace tan o más importante que el sujeto mismo. Hoy día, somos capaces de experimentar más compasión por un personaje de una película, que por un niño de la calle que solicita nuestra ayuda. Este ejemplo podría ser cuestionado moralmente, pero la realidad, es que actuamos cotidianamente de tal forma y sin ningún tipo de cuestionamiento ético, porque no tomamos en cuenta, la relación real que se establece entre el niño de la calle y nosotros. En este sentido, el niño es la víctima por su condición de niño (dependiente y débil ante el adulto) y por su situación de abandono. Sin embargo, la imagen tan violenta y negativa que normalmente tenemos del niño de la calle, nos hace percibirlo como un victimario y nosotros asumimos inmediatamente la posición de víctima (Elba Poleo, 2004).

No me cabe la menor duda de que el personaje de la película de Mike Leigh, excluido como está de toda la riqueza y diversidad cultural reservada a los que tienen dinero para consumir (en una escena reveladora, John, que ha tenido una buena educación y es un muchacho inteligente, aprovecha un descuido de alguien para robarle un par de libros) ha perdido el “sentido de la vida”. Pero lo que se ha desdibujado para John no es sólo el sentido de su vida, sino el rostro del otro, el rostro humano. No sólo se encuentra en un mundo donde toda idea de realización y felicidad se encuentra reservada para otros, sino que no puede formular una noción de felicidad personal articulada con sus semejantes
(Luz Marina Barreto, 1998).

Esta nueva manera de interpretar al sujeto (Poleo, 2004), también se aprecia en el gran éxito y la popularidad alcanzada por los reality show, dentro de las audiencias de los países globalizados, donde los individuos que participan dentro de estos programas de “televisión real”, son completamente despojados de su dignidad y condición humana, al ser tratados como objetos de marketing, y ser calificados con relación a cifras de rating, haciendo de su vida un chiste mediático (Poleo, 2004). Y la otra persona, el espectador que contempla dichos programas de “televisión real”, se convierte en una especie de "caníbal mediático" al engullir al otro ser humano como si fuera una especie de "snack". La conclusión a la que se llega, es que esta “lógica del consumo” no se puede aplicar a todas las manifestaciones del ser humano, en otras palabras, no todo en la vida es negociable, consumible, ni susceptible al mercado. No podemos hacer de la tragedia y el dolor humano, un disfrute mediático o, elegir entre la vida y la muerte de una persona, como quien elige entre el combo No. 1 o No.3 del McDonald’s. Porque si actuamos conforme a estos principios consumistas, haciéndole la guerra a otros países, porque simplemente nos da la real gana o, por prestigio o interés económico, estaríamos cometiendo “un gesto calculado de menosprecio a la vida”[2].
La palabra “usuario” se utiliza para definir a una persona que tiene acceso y consumo habitual a los bienes materiales, servicios y tecnologías públicas o privadas. Una persona indigente o un muy mal llamado “niño de la calle”, no pueden ser definidos de tal forma, pero sin embargo, son seres humanos dignos de nuestro respeto y, poseedores de unos derechos intrínsecos a su persona. Porque el hecho de que se encuentren excluidos de la “cultura consumista”, no los excluye de su condición de seres humanos, ni de ciudadanos. Porque estas personas poseen un nombre, una identidad, parentesco, nacionalidad, historia de vida, religión, lenguaje, cultura y forma de comunicación propia, una determinada representación del mundo, que identifica y vincula a esta persona, con el resto de la sociedad.
Un “ciudadano demócrata cultural”, puede sentirse identificado con su condición de ciudadano por medio de la práctica del consumo, pero nunca debe hacer del “consumo” el único valor que condicione dicha ciudadanía. Si hacemos de la práctica del “consumo” un equivalente del ejercicio de la ciudadanía o de la democracia, confundiendo nuestro papel de consumidores con el de ciudadanos, y entendemos que a mayor consumo, más y mejor democracia, estaríamos implícitamente afirmando que en los países con un menor índice de consumo, existe un menor nivel de democracia. De hecho, estaríamos negando de plano, la existencia de la “ciudadanía” y de los “ciudadanos”, en dichos países. Si actuamos de acuerdo con esta “concepción consumista” de la ciudadanía, los países ricos no se cansaran de cometer crímenes y de violar y atropellar los derechos humanos en los países pobres, en nombre de lo que para los primeros significa la “libertad” y la “democracia”. Podemos considerar al “consumo” como un valor fundamental de identificación dentro de las “sociedades globalizadas”, sin embargo, no es lo mismo suponer que dicho valor, sea lo único que establece nuestra condición de ciudadanos, o que sólo a través de la práctica del consumo se pueda actuar o participar públicamente, de hecho, en las sociedades altamente consumistas, hay una mayor abstención política, desinterés y desconfianza por los asuntos públicos y por la política en general, es decir, hay una menor participación activa del pueblo.





[1] García Canclini, N. (1995). Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. México, Grijalbo, Pág. 23.
[2] Palabras de un diputado del Partido Nacionalista Vasco, con relación a la actuación de Aznar y el gobierno español, en la Guerra de Irak.

lunes, noviembre 06, 2006

Reo Speedwagon Building The Bridge
TOLERANCIA II: Building The Bridge

Father to son, husband
to wife, brother to brother, black man to white,
living together, falling
apart looking for the common ground in every human heart, It all comes down to the
two of us, Yeah this is where we start


We are building the bridge, One small
stone at a time with a lot of love and some help from above from your heart to mine


There's a land of justice, cities filled with pride a mountain of hope,just
on the other side across a river of indifference, and a valley of despair,There's
a tower of courage, piercing through the air, I have a dream for our children, I want to take them there


And we are building the bridge, One small stone at a
time with a lot of love and some help from above from your heart to mine


As we seek out understanding, As we learn to forgive, When we open up our minds, When our
words are true and kind, We are building the bridge

Words & Music Kevin Cronin
©1996 Camp Cronin Music, all rights reserved

Letra de la canción "Building The Bridge" tomada de www.speedwagon.com

miércoles, octubre 25, 2006

TOLERANCIA:

"...desear cambiar y controlar a otro en
beneficio propio no es un acto de amor sino de violencia." (
Brenda Shoshanna, El zen y el arte de amar)

Ser tolerantes no es dejar que el otro haga lo que le dé la gana, ni que nos parezca bien todo lo que haga el otro. Tampoco se trata de ser frío e indiferente. Ser tolerantes es enfrentarse natural y abiertamente con la diferencia. Tolerar, no es evitar el conflicto, sino todo lo contrario, es lidiar constantemente con éste y luchar para llegar a un concilio, acuerdos, o al menos lograr una verdadera comunicación entre las partes divergentes o en conflicto. Al contrario de lo que se supone, la tolerancia tiene que ver más con decir NO!, que con decir sí. Porque si sedemos ante todos los deseos y la voluntad del otro, y siempre buscamos y procuramos complacerle aunque no estemos en muchos puntos de acuerdo con éste, nos estaremos convirtiendo en la persona que el otro quiere que seamos, sin darnos la oportunidad de ser quienes realmente somos, y de que la otra persona nos conozca como tal, y nosotros conocerle también en realidad a ella.

"La educación para la desobediencia surge como consecuencia de la pregunta que se hace desde la noviolencia al analizar las situaciones de dominio y opresión que se producen y han producido en la historia de la humanidad: ¿cómo es posible que un grupo minoritario de personas controle a toda la sociedad? La respuesta a la que se llega es sencillamente demoledora: sólo con la colaboración o complicidad de esa mayoría." (Xesús R. Jares. Educación para la paz. Su teoría y su práctica.)

Somos millones de mujeres, africanos, latinoamericanos, asiáticos, aborígenes, indígenas, afrodescendientes, musulmanes, gitanos, homosexuales, obreros, pobres, campesinos, discapacitados, etc., que hemos dicho NO! y que llevamos años y siglos de lucha, contra la opresión y los abusos de un sistema político-social, hecho a la medida del hombre blanco burgués, y que hoy día, podemos identificar con el nombre de neoliberalismo.

La historia occidental está plagada de guerras, de luchas mundiales y de violaciones a los derechos humanos y culturales, en favor del control, la dominación y opresión, de grupos humanos. El ejercicio de la ciudadanía constituyó en un principio, dentro de la sociedad occidental, un derecho exclusivo de la clase burguesa, la cual, estableció oficialmente sus códigos culturales para poder ejercer la “ciudadanía universal”. El pensamiento moderno ideó “un sujeto universal abstracto cuya capacidad de entender la realidad se media a priori por categorías cognoscitivas” (Torres, 2001), está concepción del “hombre” y de su realidad, excluyó de la esfera pública y de la historia de la cultura occidental, a numerosos sectores de la sociedad, dado que éstos últimos poseían otras cosmovisiones, diferentes a la realidad cartesiana. Ser un ciudadano y gozar de los derechos y beneficios que demanda tal condición, constituyó un privilegio exclusivo de las elites sociales hasta buena parte del siglo XX. Sólo en las últimas décadas del siglo pasado, el sujeto social logra romper con este modelo burgués o concepción burguesa del ejercicio de la ciudadanía, dándole cada vez más espacio e importancia al debate público sobre los derechos culturales y los derechos de “las minorías”.
Elba Poleo, La Cultura y la construcción de la Ciudadanía Democrática Multicultural

viernes, octubre 06, 2006

CULTURA II: ¿Qué es la tolerancia para ti?
Tolerancia:
Es un valor que supone el reconocimiento del otro. Saber que el otro existe, que tiene necesidades, formas de pensar, actuar, costumbres, que le son propias y que pueden ser tanto semejantes como diferentes a las mías. La tolerancia, además de reconocer la diferencia, la valora. Por muy diferente que sea una persona de mí, en cuanto a físico, cultura, religión o ideal político, ambos, somos ante todo seres humanos poseedores de unos derechos, como nos confiere dicha condición. La tolerancia exige una actitud de respeto hacia la otra persona y hacia la autonomía de la misma. Cada individuo tiene la plena libertad de escoger el modelo de vida que más le convenga o, a construir su personalidad, conforme a los principios, valores y normas que él considere necesarias para su bienestar, siempre y cuando, dicha decisión, no viole el mismo derecho que tienen los demás de decidir que hacer con sus vidas. “Cada uno tiene derecho a equivocarse sobre su vida; o a acertar; o a vivir una vida que otros consideren equivocada, pero que él considera acertada; siempre insisto en que esto no sea una fuente de agresión o de males para otras personas” (Fernando Savater).
A menudo pensamos que la manera en que aprendimos a desenvolvernos y actuar en la vida, es la manera correcta de ser y proceder en la vida para todos. Pero en realidad, no es que no exista un modo “correcto” de ser o de actuar, sino que existen miles de modos correctos de proceder y de ser, porque cada uno es único e irrepetible y tiene su propio criterio y voluntad para decidir sobre su camino en la vida. “La idea de un mundo uniformado, en el que todo el mundo comparte nuestros prejuicios, anima nuestro propio tipo de fútbol, tiene nuestros propios gustos gastronómicos, etc., eso es un sueño paranoico, no es una sociedad de libertades” (Fernando Savater).
Imagen tomada de www.conelpapa.com